En la ficha del Mix Pro, dos cifras se suceden sin que nadie les preste atención: 30 minutos en velocidad lenta a 1,2 m/s y 20 minutos en velocidad rápida a más de 1,8 m/s. Solemos leer la primera línea como la buena noticia y la segunda como el precio a pagar.
Ponga las dos una al lado de la otra y haga la multiplicación.
La misma distancia, en ambos casos
1,2 m/s durante 30 minutos son 2160 metros. 1,8 m/s durante 20 minutos: también 2160 metros — y la ficha dice «más de 1,8 m/s», así que algo más.
Dicho de otro modo, con estas cifras, la velocidad no le cuesta distancia. Le cuesta tiempo bajo el agua. Con la batería llena recorre aproximadamente el mismo trayecto, pero en velocidad rápida pasa allí un tercio menos de tiempo.
Es una manera muy distinta de elegir la velocidad. La pregunta ya no es «¿hasta dónde puedo llegar?», sino «¿cuánto tiempo quiero quedarme?».
Por qué la velocidad cuesta tan cara
Un scooter submarino no empuja contra el vacío: empuja contra el agua, que es ochocientas veces más densa que el aire. Cuanto más rápido va, más aumenta la resistencia — y no aumenta de forma proporcional, sino mucho más deprisa que la propia velocidad. Doblar el ritmo exige mucho más del doble de potencia.
Por eso un scooter de dos o tres velocidades no es un capricho. La velocidad lenta no es una velocidad «para principiantes»: es la velocidad que hace real la autonomía anunciada.
Cómo leer «hasta 60 minutos»
En el Navbow y el Navbow+, la ficha anuncia hasta 60 minutos de autonomía, en función de la velocidad elegida, con tres velocidades hasta 2 m/s. Esa formulación dice exactamente lo que quiere decir: los 60 minutos corresponden a la velocidad más suave. En tercera no se aguanta una hora — y no es un defecto, es la contrapartida de los 7,2 km/h.
La misma lectura vale en todas partes: en el Whiteshark Mix (hasta 5,4 km/h, es decir 1,5 m/s) igual que en el Vapor y sus 10 km/h. Una autonomía anunciada es siempre la autonomía de la velocidad más económica.
Tres cosas que acortan la autonomía sin que se cuenten
- La corriente. Remontar una corriente, aunque sea débil, equivale a subir una cuesta todo el rato. Una ida contra corriente y una vuelta a favor no se compensan: la ida cuesta más de lo que la vuelta devuelve.
- El agua fría. Una batería de litio rinde menos cuando está fría. En abril en el Mediterráneo, la autonomía real no es la de agosto.
- Lo que lleva encima. Una cámara, una funda, un traje grueso: todo lo que arrastra en el agua se paga en minutos.
La regla que evita el regreso a nado
Cabe en una frase: salga en velocidad rápida si quiere, vuelva en velocidad lenta. Y sobre todo, cuente la mitad de la batería para la ida — no dos tercios.
El cálculo del principio lo explica: a 1,8 m/s, una ida de diez minutos le deja a más de un kilómetro de la orilla. Si el viento ha arreciado entretanto, la vuelta no se hace al mismo ritmo que la ida.
En el Navbow y el Navbow+, la pantalla muestra la carga restante en tiempo real, y la aplicación SublueGo sigue la autonomía durante la sesión. Es el instrumento que más se echa de menos cuando no se tiene.
En resumen
La velocidad máxima no está para mantenerse una hora. Sirve para franquear un paso, atravesar una corriente, alcanzar un punto concreto. El resto del tiempo, la velocidad de crucero ofrece el mismo trayecto — con treinta minutos bajo el agua en lugar de veinte.





